Experiencia propia
En una mesa de trabajo con navegador, mensajería, descargas y varias apps abiertas a la vez, este Strix G18 debería sentirse sobrado desde el principio. El combo de 24 núcleos, 32 GB DDR5 y SSD NVMe apunta a esa sensación de respuesta inmediata que se nota más en la multitarea que en una cifra de benchmark, y en un portátil así lo importante es que no parezca rápido solo al arrancar. La contrapartida es que su formato de 18 pulgadas y 3,2 kg lo coloca claramente en la categoría de equipo transportable, no en la de compañero ligero para moverse a diario.
Cuando te sientas a jugar, la pantalla es una de las razones de compra más fáciles de justificar. En 18 pulgadas, 2560 x 1600 deja una densidad aproximada de 168 ppp, suficiente para que la imagen se vea fina a distancia normal de portátil, y los 240 Hz encajan muy bien con una GPU dedicada de este nivel. Eso se traduce en una experiencia más limpia en shooters, conducción y juegos competitivos, pero también en una exigencia lógica: para sacarle partido de verdad conviene usarlo enchufado y asumir un chasis grande pensado para refrigerar antes que para ser discreto.
En una sesión larga de escritura, estudio o gestión de archivos, el tamaño juega a favor más de lo que parece. Hay teclado numérico, superficie de trabajo generosa y un panel IPS de 500 nits con acabado antideslumbrante, una combinación que debería ayudar a mantener postura cómoda y buena legibilidad en interiores luminosos. No es el típico portátil que invita a trabajar en cualquier rincón del sofá; funciona mejor cuando puede abrirse con espacio y convertirse en estación principal, justo donde su pantalla grande reduce la necesidad de monitor externo para muchas tareas.
Al pasar a una videollamada o a una película, el equipo deja una impresión más mixta. Los dos altavoces con Dolby Atmos deberían cumplir mejor en consumo multimedia que en una reunión importante, pero aquí no destaca por un conjunto claramente orientado a teletrabajo. Si tu rutina depende mucho de webcam, micros y uso frecuente lejos del cargador, este no pinta como el portátil más amable; si lo tuyo es jugar, ver contenido y conectar periféricos en escritorio, el equilibrio vuelve a tener más sentido.
Moverlo por casa, llevarlo a otra habitación o meterlo en mochila es el momento en que la compra se define sola. Los 3,2 kg y el formato de 18 pulgadas hacen que cambiarlo de sitio sea viable, pero no especialmente apetecible todos los días. A cambio, ofrece detalles prácticos que sí mejoran la convivencia, como la posibilidad de añadir un SSD M.2 con facilidad y una conectividad de red cableada de 2,5 Gb que encaja muy bien con descargas pesadas, bibliotecas grandes y juego online estable.